De la adversidad en su Arévalo natal con sus 5 hermanitos a la ayuda que recibió de Pedro Abdala. Hoy repasa su camino marcado por el esfuerzo, la gratitud y la superación personal.
Hay historias que conmueven y la de Liliana Martínez es un claro ejemplo.
Conocida por todos como «Lili», ha preferido durante años el perfil bajo frente a los micrófonos.
Sin embargo, en la víspera del Día del Abogado, su testimonio emerge como un emblema de resiliencia y una prueba viva del impacto que la solidaridad comunitaria y las instituciones locales pueden lograr en la vida de una persona.
Los orígenes de Lili se remontan a la zona rural de Arévalo, donde transcurrió sus primeros años de infancia en condiciones de extrema vulnerabilidad.
Junto a sus cinco hermanas, enfrentaba la soledad del campo y prolongadas ausencias familiares.
La situación dio un giro decisivo cuando la asistente social Zoila Edelia Oca y el entonces Juez de Paz de Lobos, el Dr. Vergara, intervinieron ante el estado de falta de alimentación y desamparo en el que se encontraban las niñas.
Tras una internación de un mes en el área de infectología del Hospital de Lobos a comienzos de la década de 1990, la vida de Liliana cambió para siempre.
La intervención visionaria de Don Pedro Abdala, fundador de AFyN, permitió alquilar una vivienda en la calle Ratti para cobijar a las hermanas. Así nacía el primer Pequeño Hogar de la institución.
«Don Pedro y Petty siempre andaban atrás mío, empujándome para que estudie. Yo me recibí y volví a AFIN a tomar el café de siempre, porque para mí ese hogar fue mi casa», relata con emoción.
El impulso de la educación y los mentores
Liliana ingresó al Pequeño Hogar de AFyN cuando tenía apenas 13 años y celebró allí su fiesta de 15.
En aquel entorno seguro completó sus estudios primarios en la Escuela 13 y posteriormente cursó la secundaria en el Colegio Nacional de Lobos.
Durante su juventud, combinó el estudio con el trabajo como preceptora en la institución escolar.
Fue precisamente la figura de Don Pedro Abdala, acompañada por el afecto incondicional de Petty y el acompañamiento constante del juez Vergara, lo que encendió en ella la vocación por las leyes.
Cuando concluyó la secundaria -sin llevarse jamás una materia a examen- anunció su deseo de seguir la carrera de Abogacía.
Sin dudarlo, el Dr. Vergara la acompañó personalmente a La Plata para mostrarle las aulas universitarias e inscribirla en el curso de ingreso de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
Con el sostén de la Fundación Lobos y la exigencia propia de rendir materias bajo la condición de becada, Liliana emprendió un camino universitario caracterizado por el mérito y la perseverancia.
Un orgullo lobense que merece ser celebrado
Hace 13 años que Liliana obtuvo su título universitario. Desde entonces, ha construido una sólida carrera profesional independiente.
Un detalle que simboliza el lazo indestructible con sus raíces es el mobiliario de su oficina: el imponente escritorio principal que utiliza a diario es el mismo que perteneció a Don Pedro Abdala, obsequiado por Leo Maglione como reconocimiento a su trayectoria y al cariño mutuo.
Desde hace más de dos años, la Dra. Martínez se desempeña además como abogada consultora de la Cámara de Comercio de Lobos, al tiempo que mantiene una destacada presencia en los estrados del Juzgado de Paz local.
A pesar de los logros alcanzados, conserva la humildad de quien conoce en carne propia el valor de las oportunidades.
«No tengo prerrogativas de sangre ni de apellido. Todo lo que conseguí fue bien de abajo, con esfuerzo, estudiando y superando momentos difíciles. Por eso lo tomo como algo natural, con la tranquilidad de haber dado siempre todo», sostiene.
La historia de Lili es un recordatorio del sentido más profundo de la abogacía y del trabajo social: la capacidad de transformar realidades adversas en caminos de justicia, dignidad y realización personal.
Un orgullo lobense que merece ser celebrado.


